domingo, 1 de junio de 2014

La Odontología en general, y la ortodoncia en particular, está asistiendo a un cambio de paradigma científico y clínico de la mano de las imágenes 3D, la realidad virtual y los procesos de diseño y fabricación asistidos por ordenador. En los próximos años, muchos de los procesos clínicos manuales rutinarios, susceptibles de errores y subjetividad (toma de impresiones y registros de cera, toma de arco facial, vaciado y confección manual de modelos de escayola, montaje en articulador, análisis biométrico de modelos con reglas y compases, oclusogramas con papel de acetato o la misma cefalometría 2D) van a sustituirse por los registros virtuales a través de escáneres intraorales, los sistemas de integración de imágenes digitales y radiográficas CBCT y los registros electrónicos de oclusión. Nos guste o no, la realidad que se aproxima, que ya es presente en muchas clínicas dentales, no va a tener vuelta atrás y al especialista en ortodoncia sólo le quedará la decisión de subirse o no a un tren que está en marcha, y que no va a esperar por la actualización tecnológica de nuestra consulta.

Varios factores van a condicionar nuestra práctica clínica en los próximos años: la posibilidad de manejar archivos de realidad virtual para el diseño y la fabricación (vía Cad-Cam) de nuestros aparatos, individualizados o personalizados para cada maloclusión y cada paciente, y la mejora de la comunicación con el paciente (dos de los conceptos sagrados de la nueva ortodoncia serán “marketing emocional” e “interconectividad”), combinando la posibilidad de que el paciente vea los posibles resultados en 3D.

La posibilidad de enviar archivos 3D por Internet, la creciente mejora de los sistemas radiográficos CBCT, los escáneres intraorales y las impresoras 3D abren el camino a realizar el diagnóstico y el plan de tratamiento a distancia, y a diseñar y confeccionar los aparatos. Esta nueva etapa va a cambiar radicalmente nuestro mundo profesional, poniendo en valor nuestra capacidad de diagnosticar, hacer planes de tratamiento y diseñar aparatos individualizados con las nuevas armas tecnológicas y, desgraciadamente, devaluando nuestra capacidad artesanal para poner brackets o doblar alambres. La parte operativa y empírica de nuestra actual práctica cederá la mayor parte del terreno a la interconectividad con el paciente, a través de nuestra imagen/prestigio profesional, la ortodoncia emocional y el trabajo cognitivo mediado por la moderna tecnología. Pensaremos más que haremos.

Además de la tecnología, otro elemento clave en el cambio de paradigma de nuestra práctica será la demanda social. Las aspiraciones, las necesidades y las exigencias de la sociedad cambian y se adaptan a los progresos tecnológicos, negándose a retroceder en logros y derechos. La sociedad también está cambiando en cuanto a nuestra área y demanda una odontología rápida, de resultados previsibles y con una alta estética.

La ortodoncia infantil y del adolescente no va a sufrir los cambios del tratamiento del adulto, ya que la terapia en estas edades obedece a un concepto más clásico de la ortodoncia u ortopedia dentofacial. Según esta idea, guiamos la erupción y el crecimiento de los maxilares hasta la edad de adulto y/o establecemos un plan de tratamiento integrado e integrador para intentar dar una solución completa y definitiva a los problemas que pudieran tener los pacientes de esta edad. Establecemos ideales (como las llaves de Andrews, la oclusión gnatológica, la coordinación entre dientes, músculos, ligamentos, ATM, bases óseas maxilares, etc.) y tratamos de alcanzarlos, independientemente de los gustos estéticos del paciente.

Fuente: Maxillaris